Su nombre
científico es Socratea exorrhiza: nativa de las selvas tropicales de América
Central y del sur. Es una palma que literalmente no se queda en un solo
lugar se llama así debido a la apariencia de sus raíces aéreas, que emergen del
tronco a varios metros del suelo y se asemejan a zancos o patas. Puede llegar a
desplazarse hasta un metro por año, en busca de nuevas zonas donde haya mejor
acceso a la luz o nutrientes.
Aún se desconocen
muchos aspectos de la biología y ecología de esta especie, la cual aún
representa un enigma botánico que fascina a todos aquellos que la conocen.
Existen múltiples teorías de la creencia popular, alimentada por guías locales
es que estas palmeras tienen capacidad de caminar lentamente por el bosque. La
teoría sugiere que la palmera crece nuevas raíces en la dirección hacia donde
busca moverse (ya sea para encontrar más luz solar o un suelo más estable) con
el tiempo, las raíces viejas se levantan del suelo y mueren, permitiendo un
desplazamiento gradual del tronco.
La forma en la que
camina esta palmera se debe a que ella usa raíces zancudas y su tronco nunca
entra en contacto con el suelo. Es entonces que, si la palma recibe algún
estímulo ecológico que altere o llegue a producir algún estrés, esta producirá
nuevas raíces, del lado al que se moverá, mientras que las del lado opuesto, se
secarán. De este modo, la palma logra recorrer distancias considerables, y más
si se toma en cuenta que alcanza una altura de hasta 25 metros.
Esta especie tiene
una fuerte asociación con plantas epífitas. Se distribuye en Panamá, Colombia,
Venezuela y Ecuador, aunque tiene una amplia distribución geográfica como
planta invasora, llegando a encontrarse en países como México.
Aunque esta idea es
fascinante y ha capturado la imaginación de muchos, la comunidad científica
generalmente consiste que la caminata de estas palmeras es un mito o una
exageración.
Aquí están los
puntos clave sobre el concepto de palmera que camina
Apariencia: su característica
más distintiva son sus raíces aéreas elevadas, que le dan la apariencia de estar
sobre zancos. Supuesta movilidad; la creencia es que puede moverse lentamente a
lo largo de su vida, buscando mejores condiciones ambientales. Se estima que
este movimiento podría ser de unos pocos centímetros por día, alcanzando varios
metros a lo largo de su existencia.
Mecanismo propuesto:
se dice que nuevas raíces crecen en dirección del movimiento deseado, mientras
que las raíces opuestas se debilitan y mueren, permitiendo que el tronco se
incline y eventualmente se mueva.
Perspectiva científica:
la mayoría de los estudios sugieren que, si bien las raíces de la Socratea
exorrhiza son dinámica y puede adaptarse al entorno (por ejemplo, creciendo
hacia un suelo más firme después de una erosión), el tronco en si permanece en
un lugar de germinación. El crecimiento de nuevas raíces no implica un
desplazamiento activo del árbol en el sentido de locomoción animal.
Posibles funciones
de las raíces aéreas: aunque no permitan la caminata estas raíces podrían ofrecer
otras ventajas, como mayor estabilidad en suelos pantanosos, permitir un crecimiento
más alto sin necesidad de un tronco más grueso, o facilitar la supervivencia si
el árbol joven es derribado.
En resumen, la
palmera que camina es un concepto popular y llamativo asociado con la Socratea
exorrhiza debido a su peculiar sistema de raíces. Si bien la idea de un árbol
que se desplaza por el bosque es intrigante, la evidencia científica actual no
respalda la noción de una caminata real. Mas bien, la apariencia de movimiento
es probablemente una consecuencia del crecimiento adaptativo de sus raíces.

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